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viernes, 29 de junio de 2012

Noticias

Me informan que se ha producido un incendio en el Coto Peña. Está ya completamente extinguido. 
Esta vez la suerte y el viento acompañaron  llevando el fuego en dirección Cancarix. Se quemaron muy pocas hectáreas del Coto. Un repentino giro del viento al comienzo del incendio nos salvó de ver quemada nuestra Casa Sabas.

Copio y pego parte del correo de Javier. 


Con el corazón en un puño y recordando el infierno vivido hace 18 años en el Puerto de la Mala Mujer, llegué por fin a la zona incendiada cuando empezaba a amanecer.  Pude ver que  solamente se habían quemado unas 5 has del coto, el resto, unas 30 has, era de las fincas colindantes.
Me encontré con un forestal amigo que al verme me dijo  "No tomes pesadumbre por lo que estás viendo...  Ha sido un milagro....Cuando llegamos anoche, el viento iba hacia el sur, hacia la Casa Sabas... De repente, como si fuera un fenómeno extraño de la naturaleza, cambió y el incendio se dirigió a Cancarix y directamente a los bancales, donde se paró...Te has salvado de milagro... No se qué santo era ayer pero ya puedes rezarle...." Entonces caí en la cuenta que era mi cumpleaños y que el día anterior era... San Juan Bautista. 

domingo, 1 de abril de 2012

Más vale tarde que nunca

Hola familia!
Como es la primera,quizás esta entrada no esté tan elaborada como debería;espero ir mejorando poco a poco.
A petición de mi padre(Javier),y con un poco de retraso,os dejo estas dos fotos familiares:
En esta primera foto aparacen de jovencitos mi abuelo Juan Pérez Ruiz,y su hermana,para mí:la tía Carmen(Pérez Ruiz),para otros será su madre,su abuela...

Y en ésta aparecen la tía Mari,mi abuelo Juan y la tía Toni,junto a su madre Pepita y mi padre(Javier) de "pequeñico".
Un beso muy fuerte,
                                                                                 Victoria,Javier,Genoveva,Edu y Mari Nieves.

P.D:Aunque mi padre durante la organización de la Primada demostrase gran dominio de la informática,cuando lo sacas de los correos electrónicos se "vuelve loco",asique esto me ha tocado a mí(Victoria,por si quedaban dudas),pero él se mete en el blog y está al tanto de todo.

sábado, 24 de marzo de 2012

Cueva de los Encantados en el Picacho




UN TEXTO HISTÓRICO SOBRE LA CUEVA DE LOS ENCANTADOS.

Para los que no hayan pasado parte de su infancia en la Casa Sabas, o sea todos aquellos que no sean hijos de las llamadas en otra entrada, “cinco ramas”, conviene empezar diciendo donde sitúa la llamada Cueva de los Encantados y en que consiste la leyenda que se le refiere. Tal cueva esta en la montaña llamada el Picacho, vecina de la Madama que da nombre al Blog. Este Picacho toma su nombre de su propia cima, larga y extensa, pero en cuyo extremo se levanta, casi vertical, una gran peña, con otras mas pequeñas a su pie. En la parte de atrás de esa peña hay, según la leyenda, una cueva, de la que en la mañana de San Juan, al amanecer, sale un piquete de tropas fantasmales. Tal cueva no se ve desde la Casa Sabas, no solo por la distancia sino porque esta en el otro lado del Picacho, y la tapa la propia peña.
Los jornaleros de la Casa Sabas, los medieros Encarna y Joaquín, la Niñera, la Pastora, Manuel, Juan el Guarda y todos los que por allí pululaban en aquellos tiempos sabían de la leyenda y la contaban cuando venía a cuento. No hay que decir la impresión que me causaba como niño que era, que supongo común a todos los primos.
Ahora mas crecido no fue menor la que me produjo encontrar un libro donde se daba noticia de la misma, por parte de un escritor que merece presentación aparte y lo haré bajo el título de
EL PERSONAJE.

Porque lo fue desde luego. Se llamaba Mario Roso de Luna y vivió a caballo entre el siglo XIX y el XX pues murió en el año 1931. Este señor pasa por ser el mas conspicuo representante español de la llamada teosofía o, si se prefiere, el ocultismo, y por tanto toda su obra esta plagada de extrañas simbologías y percepciones extrasensoriales. De él contó no hace mucho el periodista Manuel Martín Ferrand, en su columna diaria -y utilizando esa técnica tan común a los de su oficio de contar un suceso que les de pié para el asunto principal- una deliciosa anécdota que, creo recordar, extrajo de las memorias de Pío Baroja y que aquí transcribo: Cuando Roso de Luna murió, llegaron a la casa mortuoria Don Pío y otras personas que conocieron al difunto y al preguntar a sus familiares, como es de rigor, sobre como se encontraban, éstos les respondieron que muy bien, estupendamente incluso. Al ver el desconcierto en el rostro de los visitantes, los familiares se apresuraron a dar una explicación: “hemos recibido su mensaje astral, él también está muy bien, ahora es gallo en Madagascar”
No crea el lector que este hombre, antes de ser gallo, dejó de tener cierta consideración en su época y la sigue teniendo actualmente entre quienes se inclinan a los conocimientos taumatúrgicos. Ya he dado a entender que algunos intelectuales contemporáneos le respetaban, otros no tanto. En todo caso su obra es monumental, casi cuarenta volúmenes y tenía vastos conocimientos de historia y mitología. Yo solo tengo dos libros suyos que encontré en una librería de viejo. Uno de ellos, el volumen XXXI de sus obras completas, se llama “Del Árbol de las Hespérides” “(Cuentos teosóficos españoles)” y recoge la leyenda familiar. La noticia sobre la cueva es muy breve, como pasa siempre con estos asuntos, y a través de ella se extiende sobre sus temas predilectos, pero voy a transcribirlo íntegro en letra bastardilla, con su nota a pie de página de seguido. Ahí va:

LOS ESPECTROS DE JUMILLA

Un buen amigo de Jumilla me dice: “en el término de este pueblo existe una cueva de bastante extensión y altura, donde crece una higuera que jamás pierde la hoja ni echa fruto (1) (sobre esta “siempre verde higuera” podría escribirse un extraño epígrafe, porque uno de los detalles mas típicos, concomitante con ciertas vivencias astrales, es el de “la planta siempre verde y que gira vertiginosa”; pero hoy no es ocasión de abordar un problema psíquico tamaño que nos apartaría demasiado de los sencillos relatos objeto de este volumen), y es creencia general, apoyada por el testimonio de varios que dicen haberlo visto, que el día de San Juan, al despuntar el día, sale de esta cueva una gran cohorte militar de espectros con caballos de guerra ricamente enjaezados, guerreros que, precedidos de fantásticos estandartes, se dirigen hacia el Sur, despareciendo en la lontananza, cual si evocasen algún hecho lejano histórico por allí acaecido…”
La leyenda en cuestión que nuestro verídico corresponsal nos transmite no deja de ser interesante, por reproducir otras análogas que se han hecho célebres en los fastos de la literatura y de la historia, tales como aquellos espectros que, en el aniversario de la batalla de Farsalia –donde perecieron como es sabido, las libertades romanas al ser derrotados los pompeyanos por las huestes de César-, todavía seguían chocando entre sí, al decir de los clarividentes, y reproduciendo los pormenores todos de la lucha cual en la mas perfecta de las cintas cinematográficas. Otra leyenda semejante de los fastos de Soria nos pinta por la mano exquisita de Gustavo Adolfo Bécquer a dos pelotones de guerreros chocando fiera y astralmente en aquella deliciosa curva que hace el Duero, por bajo los claustros románicos de San Juan, por cima de la ermita se San Saturio, y enfrente de las ruinas templarias del monasterio de Santo Polo, según las cuenta el malogrado vate en su admirable “Noche de ánimas”
Tales leyendas, y otras tantas de “almas en pena”, vagando misteriosamente al cabo de años y siglos por los lugares de sus desdichas o de sus crímenes, al modo del espectro del padre de Hamlet o de la Dama Blanca, de los Hohenzollern, nos plantean este problema de ocultismo que no vamos sino a apuntar aquí: el de las llamadas “fotografías astrales” o “memoria de la naturaleza”, archivo eterno, aunque invisible habitualmente para nosotros, en el que quedan registrados todos los hechos de la vida, así los mas grandiosos como los más ínfimos.
Sabido es, en efecto, el poder químico de la luz, poder que, actuando sobre las sales de plata o de otros materiales en determinadas circunstancias, permiten la fijación de las imágenes exteriores de un modo mas o menos permanente. Pero ¿es que hemos agotado todas las posibilidades de fijación?; ¿es que no queda siempre en el ambiente de cada lugar algo del aura, de la psiquis de las cosas pretéritas?
No pisamos una sola vez las ruinas venerandas del pasado, sea en Balbek o en Palmira, en Mérida, Roma o Itálica, sin que a la mente del menos sensible a las astrales sugestiones del pasado no les sea representada alguna escena, alguna emotividad, la palpitación, en fin de un algo que ya no es apreciable ciertamente a los sentidos físicos, pero sí a ese sentido interno, transcendente o psíquico, que tan alto habla en el artista, en el intuitivo y en el místico. Ello es el alma de toda poesía, de toda evocación histórica y hasta de toda concepción científica, en disciplinas como la Geología y la Paleontología, en las que también se trata de reconstituir mágicamente, merced a la sublime facultad de nuestra imaginación creadora, algo que ya no existe materialmente, para “los dormidos”, pero que diríase palpita con mayor vigor y mas sublime luminosidad, por lo mismo acaso que no es tangible.
Este es el principio del gran secreto de la llamada “Luz Astral” por teósofos y cabalistas, el Gran Archivo imposible de ser falsificado como los de los hombres y en el que pueden leer como en un libro abierto los dotados de la facultad de buzar en lo suprasensible.

VUELVE EL PRIMO
Eso es todo. La verdad es que lo mismo dice el gran Rodrigo Caro en sus versos a las ruinas de Itálica, y quien sabe si el autor del artículo no los tenía en mente al escribirlo, pues cita la histórica ciudad, y que un servidor se aprendió de memoria en uno de los famosos viajes a Andalucía de los primos y en el que inmortalizamos con la moderna fotografía, ya en color, un grandioso paseíllo de toreros por el mismísimo anfiteatro.

¿Cómo en el cerco vago
De su desierta arena
El gran pueblo no suena?
¿Dónde, pues fieras hay, esta el desnudo
Luchador? ¿Dónde el atleta fuerte?
Todo desapareció, cambió la suerte
Voces alegres en silencio mudo;
Mas aún el tiempo da en estos despojos
Espectáculos fieros a los ojos,
Y miran tan confusos lo presente,
Que voces de dolor el alma siente.

Por tanto, digo yo que antes de mucho, o sea dentro de tres o cuatro millones de años, quien sabe si no saldrá, en los días de las cabañuelas de Agosto, una caravana de niños fantasmales, de un erial en donde quedan cimientos de la que debió ser gran mansión, montados en bicicletas, a perderse por esos montes circundantes. Y que no dejarán de oírse sus risas, sus voces y sus llantos.
La vida eterna futura es incierta, según las creencias y la fe de cada cual. Pero la que no admite duda es la vida eterna que pasó, porque lo que ocurrió, eso ha sido para siempre jamás y el rumbo de esas bicicletas que salieron a perderse por aquellos lejíos del Casón o la Melera ya no lo cambia ni la mano de Dios.

Texto y foto enviados por Perico Vidal.

domingo, 18 de marzo de 2012

Emotivo Suelo



Abrí los ojos al paisaje en El Campo y allí miré la tierra con interés por primer vez .

Entonces se llegaba a la Casa Sabas por el Carril de los Almendros, entre dos bancales de viñas, y luego rodeando la loma de la balsa hasta dar con la tapia del huerto. De esa misma entrada salían cuatro caminos: el de la Casa de Arriba, el del Motor, el que llevaba a La Melera y el del Casón. Entre los dos últimos había una higuera siempre verde con la corteza gris plateada que imaginaba ser igual a la piel de un elefante. Detrás de la casa estaba El Almendro y el Charco. Tras la caseta de la balsa una tendida: superficie casi plana y sin vegetales donde se colocaba atado en manojos el esparto arrancado para que se secase.

Mi Campo es el previo a la Gran Roturación y puesta en regadío, aquella transformación que se llevó por delante todo el paisaje de mi infancia. Para ser exactos su final empezó con la tala que se hizo antes de la muerte del abuelo; la que dejó sin pinos todo el Barranco del Motor y sin sus piñoneros, pinos donceles, el amplio arco que formaba entre los bancales de las atochas un poco antes de llegar al estrecho de La Melera. Tiempos casi geológicos.

Compré para escribir esto el mapa de la zona, escala 1:50.000, editado por el Instituto Geológico y Minero. Es el 868, Isso, que en su esquina inferior derecha muestra el suelo que hemos pisado. Lo que era cultivable entonces dice que son arcillas oscuras con cantos de origen coluvial-eluvial (47) del periodo Cuaternario formadas en el Holoceno y lo sin cultivar de alrededor son conglomerados y areniscas rojas (33) del Terciario formado en Plioceno.
Una falla en el mapa marca el cambio de estrato, sobre el terreno no se ve falla alguna pero sí se nota que el suelo es distinto salvo en el bancal de la Casa del Puerto de La Mala Mujer (38) que es un coluvión del Holoceno encajado entre los montes, que desde la carretera y por el límite de Albacete con Murcia llegaban hasta La Melera. Están formados por margas, calizas, dolomías, arenas y conglomerados (14). Fueron depósitos marinos, sedimentos de poca profundidad y próximos a la linea de la costa. ¿Recuerdan aquellos cantos rodados, "las chinas", de las que saltaban chispas si las golpeábamos en la oscuridad? Es todo del Cretácico Inferior.
La parte alta de la solana del Pozo san Pedro es aún más vieja, del Jurásico. Lo veo en otro mapa.

Menudo lío. Eso suponiendo que lo haya entendido bien y el geólogo que hizo el mapa patease el terreno a fondo sabiendo mucho, que semejante amontonamiento es debido a un porrazo entre placas que ha dado mucha guerra. En otra entrada lo explico y, de paso, amplio con lo que consiga sacar en claro de lo que se divisaba a lo lejos. De las siluetas en el horizonte, la de La Madama estaba convencido que era el espinazo fósil de un reptil de cola larga que estaba enterrado debajo.

viernes, 9 de marzo de 2012

Chitos
























El vago azar o las precisas leyes
que rigen este sueño, el universo,
me permitieron compartir un terso
trecho del curso con …

Pasé la infancia en El Campo cuando estaba lleno de gente antes de que emigrasen, padres e hijos, a los pueblos y ciudades nada más morir el abuelo Perico.

Allí había muchos chitos que éramos tratados como niños, no como susceptibles de adquirir traumas. Íbamos en pantalón corto genérico durante todo el año, y nos dejaban trotar libres.
Subidos en el almendro: barco pirata; en el carro: fortín invencible; en la bici: caballo a galope tendido; en el tractor, el trillo, la furgoneta … Comiendo tierra, piedras o paja según la caída. Romperse la crisma juntos es reconocer que la sangre del otro es idéntica a la tuya, es hacer un pacto de sangre. Rodillas siempre llenas de costras secas que no tenían tiempo de cicatrizar ni con mercromina. La ropa usada, rota y hasta sucia. A la hora de la verdad, se caían los listos y los tontos, los lavados y los sucios, los hijos de papá y los hijos del papá vecino, todos. Eso une e instruye.
Aprendimos sin tutores. En la naturaleza y con los pocos coches fácilmente distinguibles. Hacías lo que hacían los más mayores y aprendías pronto. Pero ya eras tú. No por ser mejor o peor, simplemente por ser tú, ese mocoso renegrido como todos al que los otros conocían y por tanto distinguían.
Una suerte, ya digo. Algo queda de aquellas parejas de hecho: Carlitos y Pico, Rafita y José Luis, Perico y José María, Caco y Javier. Las épocas de escasez tenían un componente austero en besos y abrazos. Mucho más tarde llegó la lentitud inherente al conocimiento y sus complicaciones.

Tratar con toda aquella gente fue importante, hizo que nos sintiésemos iguales (no excesivamente diferentes a los otros) ya que quien no es capaz de pasar suficiente tiempo con los demás nunca llega a conocer su esencia tras su apariencia. El que no se mezcla acaba por ser diferente y hacerse el indiferente.

Sólo sé que ya no es igual. Hoy en día es más difícil.
En las casas raramente pelean con las almohadas cuatro o cinco niños en una habitación, hasta es raro que peleen dos personas. Ya no hay la de los abuelos llena de críos. En las otras si hay padres están trabajando o mirando la tele. Tampoco están los familiares vecinos sentados a la fresca como había en todos los poyos de la Casa Sabas. Lo que se ve son a los ocupados con el smartphone, eso que dicen les permite estar conectados, aunque sean sordos y mudos tras los auriculares. Para estos las moscas no existen. Ni las moscas ni el tener la voluntad y el tiempo para extender su presencia en el espacio físico nuestro.

Termino con un alocado pronto que me acaba de dar: Es que no hay artilugio estratosférico que en la caída, petado, no sea al mismo tiempo estrella fugaz para muchos.
¡Ay! Suspiro de primada pidiendo un deseo.