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martes, 12 de junio de 2012

Teníamos un volcán



Si en vez de mirar hacia delante en la Casa Sabas, a la Madama o el Picacho, lo hacemos hacia atrás veremos a la derecha de la Casa Peña una imagen que destaca como un barco de carga que navegase por el seco horizonte. Es el monte de Cancarix: la foto que ilustra la entrada anterior. 


El almendro que había detrás de la casa era el velero bergantín y pirata donde jugábamos en la infancia a embarcarnos para tener mil aventuras de luchas y exploraciones; aquel otro barco en el horizonte ha resultado ser un Geosite (Lugar de interés geológico español de relevancia internacional) con denominación “VU-01: Edificio volcánico de la Sierra de las Cabras (Cancarix)” dentro del grupo de puntos de interés  «Asociaciones volcánicas ultrapotásicas (lamproíticas) neógenas del SE de la Península Ibérica».


Entonces no sabía que era un volcán; una chimenea volcánica de siete millones de años formada por unas rocas raras que reciben el nombre de cancalitas por la toponimia del lugar o sanidina (feldespato potásico) en mineralogía. 


Si les interesa el fenómeno no tienen mas que buscar en Google poniendo volcán o pitón volcánico de Cancarix.
En la foto del mapa geológico, los afloramientos volcánicos son de color azul oscuro tirando a morados (32).
  
Se nota que la familia era de letras. Jamás nos informaron de aquello. 

domingo, 18 de marzo de 2012

Emotivo Suelo



Abrí los ojos al paisaje en El Campo y allí miré la tierra con interés por primer vez .

Entonces se llegaba a la Casa Sabas por el Carril de los Almendros, entre dos bancales de viñas, y luego rodeando la loma de la balsa hasta dar con la tapia del huerto. De esa misma entrada salían cuatro caminos: el de la Casa de Arriba, el del Motor, el que llevaba a La Melera y el del Casón. Entre los dos últimos había una higuera siempre verde con la corteza gris plateada que imaginaba ser igual a la piel de un elefante. Detrás de la casa estaba El Almendro y el Charco. Tras la caseta de la balsa una tendida: superficie casi plana y sin vegetales donde se colocaba atado en manojos el esparto arrancado para que se secase.

Mi Campo es el previo a la Gran Roturación y puesta en regadío, aquella transformación que se llevó por delante todo el paisaje de mi infancia. Para ser exactos su final empezó con la tala que se hizo antes de la muerte del abuelo; la que dejó sin pinos todo el Barranco del Motor y sin sus piñoneros, pinos donceles, el amplio arco que formaba entre los bancales de las atochas un poco antes de llegar al estrecho de La Melera. Tiempos casi geológicos.

Compré para escribir esto el mapa de la zona, escala 1:50.000, editado por el Instituto Geológico y Minero. Es el 868, Isso, que en su esquina inferior derecha muestra el suelo que hemos pisado. Lo que era cultivable entonces dice que son arcillas oscuras con cantos de origen coluvial-eluvial (47) del periodo Cuaternario formadas en el Holoceno y lo sin cultivar de alrededor son conglomerados y areniscas rojas (33) del Terciario formado en Plioceno.
Una falla en el mapa marca el cambio de estrato, sobre el terreno no se ve falla alguna pero sí se nota que el suelo es distinto salvo en el bancal de la Casa del Puerto de La Mala Mujer (38) que es un coluvión del Holoceno encajado entre los montes, que desde la carretera y por el límite de Albacete con Murcia llegaban hasta La Melera. Están formados por margas, calizas, dolomías, arenas y conglomerados (14). Fueron depósitos marinos, sedimentos de poca profundidad y próximos a la linea de la costa. ¿Recuerdan aquellos cantos rodados, "las chinas", de las que saltaban chispas si las golpeábamos en la oscuridad? Es todo del Cretácico Inferior.
La parte alta de la solana del Pozo san Pedro es aún más vieja, del Jurásico. Lo veo en otro mapa.

Menudo lío. Eso suponiendo que lo haya entendido bien y el geólogo que hizo el mapa patease el terreno a fondo sabiendo mucho, que semejante amontonamiento es debido a un porrazo entre placas que ha dado mucha guerra. En otra entrada lo explico y, de paso, amplio con lo que consiga sacar en claro de lo que se divisaba a lo lejos. De las siluetas en el horizonte, la de La Madama estaba convencido que era el espinazo fósil de un reptil de cola larga que estaba enterrado debajo.